Erosión y cuidados del suelo

La erosión, la tierra herida

Cuando las plantas protegen el suelo, éste se mantiene sano, vivo y por lo tanto productivo. La erosión puede compararse con una herida en la piel: por las zanjas y canales se pierde el suelo fértil, entran las infecciones y la tierra se convierte en un desierto estéril.

La erosión es causada por la deforestación, las quemas, los surcos construidos sobre la línea de inclinación de las pendientes, el uso excesivo de productos químicos y la remoción total de la vegetación del suelo.

Cuando en nuestras fincas se presenten problemas de erosión, debemos organizarnos con nuestros vecinos para aplicar soluciones que nos beneficiarán a todos:

  • Proteger las orillas de las quebradas, ríos, nacimientos y fuentes de agua cercando y reforestando con especies nativas como chusques, alisos, nogales, cedros y robles en tierra fría, y nacederos o cajetos, arbolocos y guadua en clima medio y cálido.
  • Terracear: hacer caminos de 50 centimetros de ancho en la loma, donde se siembran árboles para impedir derrumbes. Los taludes o bordes de estos pasillos se pueden sostener creando un manto verde en la pared, tapizándola con rastrojo recién cortado y maní forrajero, cubriéndolo con costales y clavándole estacas de árboles nacederos como cajeto, matarratón, búcaro y cachimbo.

Suelo vivo, piel que respira

El suelo se ha formado en un proceso milenario. La ciencia afirma que se requieren más de 300 años para que un trocito de roca del tamaño de un dado se convierta en suelo fértil, pacientemente transformado por el viento, la lluvia, los líquenes y las bacterias.

Como una piel, el suelo está vivo, pues en él habitan millones de seres, desde microorganismos hasta lombrices, gusanos e insectos, encargados de transformar los restos vegetales y animales que caen en él para que las plantas puedan asimilar de nuevo los nutrientes.

Esta vida necesita del aire para poder mantenerse: el suelo respira y recibe el oxígeno a través de las galerías que excavan sus pequeños habitantes. Y de las raíces de las plantas, que a su vez extraen nutrientes desde diferentes profundidades del suelo.

Hongos y bacterias: los transformadores

Unos seres producen alimento, otros lo consumen y un tercer grupo transforma los desechos para que sus componentes puedan reintegrarse a la red de la vida. Estos últimos son los llamados descomponedores, entre los cuales se cuentan los hongos y las bacterias que transforman los residuos orgánicos y las aguas servidas provenientes de la casa y de los corrales.

De ahí que sea tan importante tener en la finca lugares especiales para transformar el estiércol, los residuos de vegetales y animales, en abono.

Todo es parte del ciclo de la vida del cual participamos. Así como hay un amanecer y un atardecer, y pasan los días, los meses y los años, también nosotros estamos sujetos al paso del tiempo. Un día nacimos, cruzamos por los caminos de la infancia, de la madurez y luego de la vejez.

Muchos seres dieron su vida para que, en forma de alimento, nosotros pudiéramos completar nuestro propio ciclo de vida. Somos responsables de que otros puedan también cumplir el suyo en el futuro, y eso será posible si amamos y cuidamos el entorno que hoy nos sostiene.

Suelo protegido, suelo vivo

En nuestro cuerpo, la piel nos pone en contacto con el medio que nos rodea y nos protege de las variaciones del clima y de las infecciones que puede causar la contaminación del ambiente. Para que el suelo, como piel de la Tierra, cumpla su función debe estar en buen estado, resguardado por su cobertura viva de vegetales y animales.

Nuestro país está ubicado en la zona tropical del planeta y recibe cada día 12 horas de luz solar. Si al suelo se le quita su capa protectora con el arado total y las quemas, las radiaciones ultravioletas y el calor de los incendios matan sus pequeños habitantes y reducen su productividad.

Es por eso que se deben evitar:

Las quemas, pues ellas matan la mayoría de seres que dan vida al suelo y contaminan el aire. Cuando la materia orgánica se quema, sus componentes se transforman en humo y en gases tóxicos que afectan la vida. Lo aconsejable es dejar el suelo siempre cubierto por una colcha de material vegetal, lo cual además controla el crecimiento de hierbas no deseadas.
  • Alternativa: cortar la vegetación por franjas y dejar que naturalmente ese material sea aprovechado por los organismos del suelo. En el trópico, la mayoría de los nutrientes están en la vegetación, y por eso es tan perjudicial quemarla.
El pisoteo del ganado, pues cascos y pezuñas apelmazan el suelo, lo endurecen y le impiden la respiración.
  • Alternativa: evitar que el ganado pase demasiado tiempo en el mismo potrero. Aflojar el suelo sin voltearlo usando la horca una herramienta semejante a un tenedor de cinco dientes con dos mangos, que vuelve a airearlo.
El arado total, que voltea el suelo dejando las raíces de las plantas expuestas al sol, acabando con la vida de bacterias y organismos que les permiten cumplir su función.
  • Alternativa: airear la tierra. Se debe arar en líneas sin voltear el suelo usando un arado de cincel, que lo levanta suavemente, permitiendo que entren el aire, la humedad y las raíces de las plantas.
Otra manera de mejorar el suelo es con abonos verdes, sembrando plantas leguminosas que fijan nitrógeno del aire. Estas pueden ser rastreras, como el maní forrajero, arbustos como el fríjol guandul y árboles como las acacias.

El agua puede ser muy peligrosa

La vegetación no solo ayuda a conservar la humedad y a proteger el agua. También es muy útil para proteger la tierra y los suelos, pues durante el invierno las raíces de las plantas evitan que el agua arrastre la tierra y ocasione derrumbes y tragedias, como también evita que se lleve la tierra fértil y ocasione erosión.

Las normas ambientales colombianas ordenan mantener protegidas con vegetación boscosa las orillas de los ríos y las laderas o faldas de montaña muy empinadas pues de esta manera se evitan la erosión y las tragedias invernales.

Para que sobrevivan la tierra, el agua, las plantas y nosotros mismos es necesario recuperar nuestros bosques.

Podemos ayudar al agua entre todos

Es importante conocer el Plan de Ordenamiento Territorial de nuestro municipio, en el cual se señalan las áreas dedicadas a la conservación, recuperación y manejo de los suelos.

Podemos organizar con los vecinos un programa de reforestación —siembra de árboles— y ayudar a construir algunas soluciones para controlar la erosión:
  • Gaviones: cajones hechos con malla de alambre y rellenos de piedra con los cuales se disminuye la fuerza del agua en zonas de escorrentía.
  • Trinchos: escalones hechos con guaduas clavadas para trancar el arrastre de suelo en las tierras abiertas por la erosión.
  • Canales de escorrentía: zanjas excavadas en sentido transversal a la dirección de la caída del agua, para disminuirle la fuerza y reducir la erosión.